¿Son las reposiciones el futuro de las salas de cine?

La gente ya no va al cine. No paro de oírlo, al final será verdad… Decido cambiar mi plan de esta noche, llamo a un amigo y nos acercamos a una de las salas de nuestra ciudad. Tras unos minutos de intensa disputa, nos decidimos por una producción nacional. Entramos en la sala. Ni un alma… Me siento en la butaca que marca mi entrada. No puedo evitar fijarme en que la parte posterior de la sala está separada del resto por una banda de plástico amarillo. Me fijo mejor, no hay techo. Luego pienso: ¿Hace cuánto no venía a este cine…?

“Desolación en las salas” debería ser el título de este artículo si se adaptara para la gran pantalla. Aunque de poco importaría, porque probablemente acabaríamos viéndolo a través de internet. No es lo mismo, creo que la mayoría coincidiremos en ello, sin embargo cada vez nos vamos acostumbrando más a ver cine en nuestros ordenadores. Y lo que es peor, ¡MAL! Ya que haces algo malo, al menos hazlo bien… ¿no?

La gente sigue queriendo ir al cine y sin embargo no lo hace. La razón, por supuesto, al menos una de las que mayor peso tiene, es el dinero. Durante los últimos diez años, el precio de la entrada de cine ha experimentado un incremento de casi el doble de su valor inicial. Además, la subida del IVA en 2013 provocó el cierre de más de 1000 pantallas. Y aunque iniciativas como la Fiesta del Cine continúan demostrando que el amor al séptimo arte sigue ahí, su temporalidad no da tregua a las pequeñas salas, muchas de las cuales, bien sea por falta de público o porque no se han sabido reinventar, acaban colgando el cartel de cerrado.

Todavía no he hablado de las reposiciones. No hace mucho, echando un ojeada a la cartelera de un diario, me sorprendió encontrar Un final made in Hollywood, de Woody Allen, entre la oferta de las multisalas de mi barrio. Por supuesto, pensé que era un error… ¿Cómo podía ser? Sin embargo, ese mismo día, pude verla en aquel cine. Eso sí, a precio de estreno. La sorpresa me llegaba esta semana con la reapertura de los antiguos cines Texas, del Barri de Gràcia en Barcelona. Cines que se reinventan como salas de reestreno a tres euros la entrada, y en las que podremos ver películas en versión original, subtituladas únicamente en catalán. Además de matinales para los más pequeños, y descuentos para mayores y jóvenes menores de 18 años.

No se alarmen, poco a poco podremos ir volviendo a las salas, o al menos hacerlo con una mayor frecuencia.

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