Llegar virgen es mejor

No es ningún secreto que cuanto menos sepamos de una película antes de ir a verla, más probabilidades habrá de que nos sorprenda. Me gusta pensar que la trama es un caramelo que debemos desenvolver muy poco a poco, y saborearlo cuidadosamente para ir descubriendo su sabor a medida que se deshace en nuestro paladar cognitivo.

El caso es que tengo un problema, además de amante del séptimo arte también me considero un cagaprisas… Comprendo, acepto y defiendo que antes de entrar a una sala, cuanto menos sepa mejor.  Sin embargo, me pirran los trailers, los avances, teasers, posters, reviews… Odio y venero el marketing a partes iguales. Y estoy seguro de que no soy el único, es más, me jugaría algo a que ya somos mayoría.

La cruda realidad es que sin tráiler no hay público, y si no hay público no hay película. Eso sí, habría que hablar con el Sr. Hollywood y pedirle que por favor deje de incluir planos de escenas finales en sus avances. No importa, iré a verla igualmente.

Esta semana he estado yendo y viniendo del Festival de Sitges, lugar de encuentro de los fans del fantástico y el gore, y ¿por qué no?, de todos los amantes del cine. Aquí he tenido la oportunidad de visionar producciones de las que no había oído hablar nunca. Por supuesto ya venía con mi listita de propuestas por las que mataría con tal de ver antes que nadie, sin embargo el festival también deja tiempo al tun tun y al azar… ¡Eh! ¿Has visto que ponen una de unos enanos que hablan por telequinesis y que rodaron sin guión? – ¿Qué me dices?, suena a peliculón… ¡vamos a verla! Al final fue la única a la que el público abucheó. Aun así, aquella proyección me pareció toda una experiencia. Nunca verás una película como en una sala del Festival de Sitges, el mejor público se junta aquí una vez al año para hacer justicia a la palabra amor. Amor por el cine.

Ya sé que andamos justos de dinero, pero oye, todas las semanas hay un día del espectador. Sé que sigue siendo caro, pero bueno, un día es un día. Vamos a hacer una cosa, abre el periódico de hoy, no hace falta que te acerques a comprar uno, el del bar de la esquina bastará. Abre la página con la cartelera de tu ciudad. Cierra los ojos y deja que tu dedo juegue al azar. Da igual la sala o la película, con un poco de suerte no saldremos del barrio, y si no,  un poco de turismo nunca viene mal. Puede que esté de enhorabuena, tal vez hoy sea el día en el que decidió ir a ver una película que en realidad nunca decidió ir a ver, y aun así admitió haberla disfrutado.

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