Escondido tras la puerta del salón

Lunes, diez de la noche. Un beso de mi madre hace que comprenda que ya debería de haberme metido en la cama. Es hora de dormir. Cierro los ojos. Como cada lunes, una inquietante música, que me pone los pelos como escarpias, se cuela dentro de mi tímpano, y me arrebata el sueño de una bofetada. Como cada lunes a esa hora, pero unos quince minutos más tarde, vuelvo a salir a hurtadillas de mi habitación y me escondo tras la puerta del salón de casa. La vieja tele de tubo de mis padres (moderna por aquel entonces) me embelesa una vez más, y me obliga a mirar aquella opening que después me haría tener pesadillas, y que con los años me llevaría a idealizar un programa de televisión del cual hoy día sigo enamorado. Como cada lunes, los agentes Mulder y Scully resuelven casos de lo más paranormal, mientras yo duermo, o lo intento. Como cada lunes, Telecinco emite un nuevo capítulo de X-Files. Como cada lunes, consigo cerrar los ojos, deseando ser mayor para no volver a tener miedo nunca más.

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